Descripción:

La evolución de los precios durante el mes de enero, con un descenso en Castilla y León del 1,1%, una décima más que en España, es, independientemente del periodo de rebajas, otra consecuencia de la crisis padecida, del retraimiento de los mercados y de la deflación que se viene padeciendo desde hace meses.

La incidencia del periodo de rebajas, como viene ocurriendo desde hace años, ha sido importante en esta evolución del IPC, pero también los descensos de los precios en alimentos y bebidas no alcohólicas, que han contrarrestado con el incremento en el precio del crudo y con la apreciación del dólar frente al euro. Con todo, la tasa interanual de los precios se sitúa en el 1%.

Todos los indicadores, no obstante, inciden en un mismo diagnóstico negativo de la economía nacional, agravado por los análisis de los expertos y por la falta de confianza inversora detectada en los mercados internacionales. La situación exige reformas en profundidad y negociaciones de los agentes sociales y políticos para, en el seno del Diálogo Social, adoptar las medidas que se están recomendando desde ámbitos supranacionales y, más concretamente, a tenor de las políticas seguidas en la Unión Europea. Se reclaman iniciativas correctoras de los efectos perversos del IPC a partir de experiencias ya conocidas y alejadas de cualquier tipo de sectarismo ideológico o sindical.

Las organizaciones empresariales, a partir de estudios realizados y conocida la voz de los expertos, insisten en que se precisan reformas estructurales serias y coherentes que estimulen el consumo, aumenten el circulante, disminuyan la presión fiscal de los ciudadanos y de las empresas, mejoren la gestión pública, reduzcan el gasto y el déficit públicos y promocionen las inversiones y la productividad competitiva de las empresas.

La política de precios, tan nefasta por inflacionista durante los últimos años ha dado tal giro que la actual recesión está teniendo efectos aún peores sobre la productividad empresarial y sobre el empleo, precisamente por estar basada en el mal comportamiento de los mercados y en las bajadas del consumo, en vez de ser consecuencia de políticas económicas basadas en la eficiencia. De ahí que en las organizaciones empresariales se muestre una gran preocupación por cuanto que sus efectos sobre el paro y la productividad no son los mejores indicios para pensar que se ha iniciado el camino de la recuperación, un camino que no quedará expedito hasta que se produzcan las reformas reclamadas por los empresarios.

Fecha de publicación: 12/02/2010